Cabe distinguir varias corrientes o tipos de fenómeno:
– Las formas paracristianas o semicristianas, como los testigos de Jehová y los mormones. Cada uno de esos movimientos tiene sus características, pero ambas manifiestan un proselitismo, un milenarismo y tienen rasgos organizativos empresariales.
– Las formas esotéricas que buscan una iluminación especial y comparten conocimientos secretos y un ocultismo religioso. Es el caso de las corrientes espiritistas, Rosacruz, gnósticos, teósofos, etc.
– Las filosofías y cultos con facetas orientales que rápidamente se están adaptando a nuestro continente (americano), tales como Hare Krishna, la Luz Divina, Ananda Marga, entre otros, que ofrecen un misticismo y una experiencia de comunión.
– Los grupos derivados de las grandes religiones asiáticas, ya sea del budismo (Seicho-No-Ie, etc) del hinduismo (yoga, etc.) o el islam (bahaísmo) que no sólo alcanzan a los migrantes de Asia, sino también plantan sus raíces en sectores de nuestra sociedad.
– Las empresas socio-religiosas, como la secta Moon o la Nueva Acrópolis, que tienen objetivos ideológicos y políticos muy precisos, junto con expresiones religiosas, llevadas a cabo mediante medios de comunicación y campañas proselitistas, que cuentan con el apoyo o inspiración del primer mundo, y que religiosamente insisten en la conversión inmediata y las curaciones, es donde están las llamadas “iglesias electrónicas”.
– Una multitud de centros de “curación divina” o atención a los malestares espirituales y físicos de la gente con problemas y a los pobres. Esos cultos terapéuticos atienden individualmente a sus clientes.

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